Pero no tengo la sensación de haber hecho el canelo, sino lo justo. Porque, como era previsible, el Gobierno ya se frota las manos: no va a encontrar oposición a la próxima reforma laboral (es decir, al próximo recorte de derechos laborales) entre los trabajadores. Ya nos van preparando los creadores de opinión, donde ya no hay espacio para disentir de la nueva hegemonía: la liberalización económica y el gobierno de arriba abajo.
Lo inevitable ya no se llama Providencia, sino Mercado: nueva coartada para el gobierno contra el pueblo:
"Mientras los sindicatos se debaten entre sus querencias y sus obligaciones, Zapatero hace lo propio entre sus deseos y lo que le marcan los mercados. Preferiría no hacer una reforma laboral tan contundente para evitar la
huelga general, pero ahora no tiene margen de maniobra; está obligado a
seguir los designios que le marcan otros desde fuera".
Más difícil de leer, más farragoso, pero redundando sobre lo mismo, con más desfachatez, El País: los recortes sociales son inevitables, el Gobierno no podría retroceder aunque quisiera, y no tiene sentido, por lo tanto, ninguna huelga contra los gobernantes, meros ejecutores de una voluntad superior. (Sí, sí: un argumento increíble que demuestra que la prensa, como en otros tiempos, podría depender perfectamente del Ministerio de Propaganda):
"La huelga de ayer se convocó en protesta por los recortes del gasto público anunciados por el Gobierno en respuesta a las exigencias de la UE de una reducción eficaz del fuerte déficit público que permita recuperar la confianza de los mercados de deuda. Es sencillamente impensable que, como consecuencia de la de ayer o de la eventual futura huelga general, el Gobierno renunciara a ese ajuste, a riesgo de acentuar la desconfianza de las instituciones y mercados internacionales. Se trata por tanto de movilizaciones puramente expresivas de descontento, no ligadas a un objetivo posible.
Esto conecta con un problema del sindicalismo moderno: las huelgas se plantean contra el Gobierno, del que depende en buena medida su financiación, y en términos que con frecuencia agravan aquello que invocan como causa. Es el caso de la situación actual: solo de manera colateral puede considerarse al Gobierno responsable de la crisis actual, y en todo caso lo sería por resistirse en su momento a recortar el gasto social, no por lo contrario".