Deberíamos preguntarnos lo fundamental: ¿funciona el capitalismo?
La crisis económica nos prepara para ello, pero es un regalo envenenado: temo que, en los momentos de pánico que se avecinan, la lucidez escasee. Mal se puede construir una contrahegemonía de la solidaridad (sólo improvisada a costa de errores) cuando la hegemonía inculca el individualismo, el "sálvese quien pueda". Y la destrucción que la crisis dejará a su paso, y las cotas de poder que en el transcurso irá cediendo la ciudadanía (cada vez más súbdito, cuando necesita empoderamiento para hacer valer sus derechos), tendrán, como única consecuencia, que la gran mayoría viviremos peor.
