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miércoles, 25 de mayo de 2011

El fenómeno blog, el diálogo con uno mismo y con otros afines, atmósfera o profecía del 15-M

Rompiendo las convenciones vigentes, posteo tres comentarios suscitados por una de mis antiguas entradas, "La protesta de los funcionarios", que he encontrado revisando qué habría escrito yo antes con la etiqueta derechos sociales. Vaya, me ha sorprendido todo lo que había allí. De la sensación de que poseía una inesperada clarividencia: por debajo de todo, siempre quedaba la ilusión de que si la gente pudiera percibir el medio adecuado para canalizar su hartazgo, aunque se tratara sólo de permitirle oír su voz, de dar cuerpo visible al descontento y comenzar una nueva solidaridad, habría una oportunidad real de cambio. Sólo que ignoraba cuál podía ser ese medio, cuál la pequeña chispa de algo nuevo: algo que no se limitara a pedir, a mendigar, cosas de los poderosos, que ya han demostrado sobradamente el caso que hacen ("olímpico desprecio": el vínculo entre estas dos palabras no es casual), ni mediatizado por partidos políticos minoritarios y siempre sospechosos.