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domingo, 12 de junio de 2011

¡Manes de Walter Benjamin! (Joseph Dejacque)


"¡Oh! recordando esas grandes jornadas de junio de los tiempos antiguos, esa inmensa barricada levantada por los gladiadores frente a los privilegiados de la república y a los ejércitos del Capitolio; ¡oh! no puedo dejar de soñar en estos tiempos modernos, en esta otra insurrección de esclavos, de los proletarios, y saludar, a través de los siglos, -yo, el vencido de las orillas del Sena-, ¡al vencido de las orillas del Tiber! [Según refiere Max Nettlau en su "Introducción" a la obra, de 1926: "La primera mitad del año 1848 [Joseph Dejacque] está en París en un ambiente abnegado y entusiasta, pero moderado, entre cooperadores y mujeres socialistas, pero él tomó su fusil en junio, fue insurrecto de las barricadas obreras contra la burguesía, vio la masacre del pueblo vencido, fue arrastrado de prisión en prisión durante un año y salió de ellas anarquista revolucionario".] ¡El ruido que hacen semejantes rebeliones no se pierde en la noche de los tiempos, repercute de fibra en fibra, de músculo en músculo, de generación en generación, y tendrá eco en la tierra mientras la sociedad sea una caverna de explotadores!..."

Joseph Dejacque, El Humanisferio (1858)


Denis Foyatier, Spartacus (1830), Museo del Louvre
Fuente: Wikipedia


Aspiración benjaminiana:
¿llegaremos a ser capaces de identificar las  interminables rebeliones del pasado
con la nuestra?


jueves, 9 de junio de 2011

Mal hecho (El Humaniferio, utopía anárquica)

"(...) Lo que perdió a la revolución del 93 (...) fue la dictadura, fue el Comité de salud pública, realeza en doce personas superpuestas sobre un vasto cuerpo de ciudadanos-vasallos, que desde entonces se habituaron a no ser más que los miembros esclavos del cerebro, a no tener otra voluntad que la voluntad de la cabeza que les dominaba; hasta tal punto que, el día en que esta cabeza fue decapitada, no hubo más republicanos. Muerta la cabeza, muerto el cuerpo. (...) Se había querido ejercer la dictadura sobre las masas, se había trabajado en su embrutecimiento apartando de ellas toda iniciativa, haciéndoles abdicar de toda soberanía individual. Se les había esclavizado en nombre de la república al yugo de los conductores de la cosa pública; el Imperio no tuvo sino que enganchar este ganado a su carro para hacerse aclamar.
 
 
Mientras que si, por el contrario, se hubiera dejado a cada uno el cuidado de representarse a sí mismo, de ser su propio mandatario; si este comité de salud pública se hubiera compuesto de los treinta millones de habitantes que poblaban el territorio de la república, es decir, de todos los que en ese número, hombres o mujeres, estaban en edad de pensar y de obrar; si la necesidad hubiera forzado a cada uno a buscar, en su iniciativa o la iniciativa de los próximos, las medidas propias para salvaguardar su independencia; (...) en fin, si la burguesía “montañesa” hubiera tenido instintos menos monárquicos; si hubiera querido considerarse sólo como una gota circulando, con millones de gotas similares, en la arterias del torrente revolucionario, en lugar de depositarse como una perla cristalizada sobre su ola, como una joya autoritaria engastada en su espuma; si hubiera querido revolucionar el seno de las masas en lugar de tronar sobre ellas y de pretender gobernarlas: sin duda (...) el genio de la libertad hubiera hecho por todas partes hombres, tanto fuera [de Francia] como dentro; cada hombre se hubiera convertido en ciudadela inexpugnable, cada inteligencia en inagotable arsenal, cada brazo en ejército invencible para combatir el despotismo y destruirlo bajo sus formas; ¡la Revolución, esta amazona de pupila fascinadora, esa conquistadora del hombre para la humanidad, hubiera entonado alguna gran marsellesa social y desplegado sobre el mundo su echarpe escarlata, el arco iris de la armonía, la resplandeciente púrpura de la unidad!...

Joseph Dejacque, El Humanisferio (1858)