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sábado, 21 de julio de 2012

Yogur de queso (español, con coda)

CODA
La escribo delante, pero es un texto posterior al inicial.
He cambiado de título a la entrada. ¿Por qué? El chorizo de antaño ha acabado por parecerme desafortunado, por injusto. En principio quería poner algún alimento fácilmente reconocible como español. Y, no sin algo de malicia, escogí el chorizo (en mi descargo diré que antes el jamón, del que quedan restos en la dirección web de esta entrada). Pero, como digo, me parece desafortunado, porque parece dar a entender que los sindicatos institucionalizados son unos ladrones, cuando lo que en realidad han hecho, al menos hasta hace poco (no se descartan recaídas), es ser cómplices de quienes, ellos sí, nos están robando derechos. En realidad, el objetivo del artículo era advertir de que para que un proyecto de renovación política y económica sea sincero se debe emprender al margen de estructuras contaminadas por sus complicidades neoliberales, sus líneas de mando jerarquizadas y sus intereses particulares. En CCOO, como en los demás sindicatos institucionalizados, hay seguro muchos obreros de buena voluntad, disconformes con el rumbo que últimamente han marcado sus dirigentes. Sin contar con ellos, probablemente, ningún cambio será posible. Pero si siguen sin hace pantente su disconformidad, si dejan que continúe la estrategia de pactar retrocesos a la espera de un nuevo gobierno, supuestamente afín, ¿qué renovación política y económica puede haber? La imposibilidad de dar forma a una alternativa para vertebrar la sociedad, cuando lo que se hace es reciclar estructuras de poder (para más inri, inoperantes), como son los sindicatos institucionalizados, creo que se refleja mucho mejor en el nuevo título. Y perdón si ofendí a alguien con el primero. Ya me siento mejor.

El País se decantaba en su editorial de ayer por un pacto de Estado. Pero igual el PSOE se niega hasta a eso, como debe reconocer: "el dirigente del PSOE [Alfredo Pérez Rubalcaba] se ha quedado con la mano en el aire, lo que puede forzarle a retirarla". De todos modos, no hay que subestimar el optimismo de los socialistas con respecto a las bondades del liberalismo económico.

Al mismo tiempo, crece el número de apoyos que recibe la exigencia de un referéndum. Dio los primeros pasos Equo, con la exigencia de un referéndum sobre el rescate financiero (que creo que sería la más radical, y yo mismo he apoyado). El jueves, 19 de julio, CCOO y UGT pidieron un referéndum sobre los recortes (algo que deja abierta la opción a negociar unos recortes "más suaves", es decir, a la traición). Y ayer, 20 de julio, se sumó a la petición de dicho referéndum sobre los recortes Cayo Lara, coordinador federal de Izquierda Unida.

Fuente: Público.es

Por cierto, Cayo Lara acaba de ingresar en CCOO. Creo que si proyecta crear una Syriza española fortaleciendo Izquierda Unida, equivoca el camino del éxito. Sólo conseguirá dividir más a la izquierda, al bloquear la regeneración que necesitan tantas de las organizaciones que presuntamente deberían defender los derechos sociales. Cayo Lara ingresa en uno de los sindicatos que pactaron, con Zapatero, la jubilación a los 67 años de edad (febrero de 2011: impagable su folleto exculpatorio, "Nueva jubilación flexible a diferentes edades. La garantía del sistema público de pensiones") y, con Rajoy y la patronal, un acuerdo de moderación salarial (enero de 2012: "II Acuerdo para el empleo y la negociación colectiva 2012, 2013 y 2014"). ¿A quién pretende esperanzar con tales precedentes?

"La ministra de Empleo junto a los líderes sindicales"
Fuente: El País

domingo, 26 de septiembre de 2010

Suprema impotencia (29-S)

Ayer vi a Cándido Méndez, Secretario General de la Unión General de Trabajadores (UGT), en "La Noria", de Telecinco. Insistió en que una huelga general es un acto de grave, de gran trascendencia, que sólo se convoca en casos de extrema necesidad. Su sola presencia en los platós de la frivolidad atestigua la expectación generada por el conflicto (donde caben tanto el sadismo como el masoquismo y la pesadumbre).


Dejemos de frivolizar. La huelga general constituye una forma de soberanía activa, mucho más contundente que emitir el voto: por la ocupación del espacio físico, por el coste de tiempo y dinero para los participantes, y, también, debido a la siempre presente posibilidad de derivaciones violentas (aunque éstas no sean deseadas). Los trabajadores, la mayor parte de la población, están convocados el 29 de septiembre para expresar su unión frente al recorte de derechos laborales y, más aún, frente una forma de gobernar contra el pueblo. La huelga general reúne las condiciones de convertirse en una suerte de plebiscito; un plebiscito contra las contradicciones de un Gobierno que se dice socialdemócrata y sigue con fidelidad los dictados del liberalismo económico.
El desafío es muy grande: paralizar todo un país. El resultado de un seguimiento unánime sería demoledor: un mandato inequívoco emanado de la voluntad popular que deslegitimaría a nuestros actuales gobernantes.
No me hago ilusiones. Los comentarios, las encuestas,  el precedente de la fallida huelga de funcionarios, apuntan a un fracaso anunciado. En "La Noria" Cándido Méndez se esforzaba en repetir que ir a la huelga general no será inútil, porque en numerosas ocasiones ha obligado a los gobernantes a dar marcha atrás. Probablemente sabe que ahí se esconde la causa de la desmovilización: en el extendido convencimiento de que no se puede hacer nada para cambiar las cosas, y, por lo tanto, perder un día de sueldo sólo sería un sacrificio gratuito.
El más potente instrumento de participación en los asuntos públicos y la vida colectiva  del que disponen los trabajadores, dejado a un lado, no por falta de motivos, sino por desmotivación. Suprema impotencia.